Un genocida llamado Alberto Fujimori

Vicky Peláez


Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización” (Ernesto Sábato)

Cuando la campesina María Mamérita Mestanza de un remoto caserío en Cajamarca, Perú, tuvo que acudir al centro médico local, asustada por las amenazas de ser detenida si no se sometía a la “operación para controlar la natalidad”, jamás sospechó que sería una de las miles de víctimas de la campaña genocida de esterilización contra la mujer quechua, ordenada por el presidente Alberto Fujimori, financiada por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) con 36 millones de dólares y con unos 10 millones por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

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