El capitalismo está movilizando a todos sus esbirros para adobar la ofensiva contra los trabajadores. El pasado lunes, 10 de mayo, Las Palmas vivió una auténtica noche de los muertos vivientes en el Centro de Iniciativas de la Caja de Canarias (CICCA). Surgido de la cripta de oro en la que andaba retirado, el cadáver político de José Carlos Mauricio volvió a escena para terror de la gente sensata y alegría de lo más casposo y lumpen de la burguesía isleña que, en palabras de ese prócer del pelotazo que es Ángel Luis Tadeo, lo considera “la historia viva” de Canarias. Desde luego, de la Canarias que tienen a su nombre en el Registro de la Propiedad.
Explicaba Marx que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa. Fue una tragedia que los comunistas sufriéramos durante décadas a un Secretario General que rompió el Partido, chalaneó con la burguesía criolla –a la que, por otra parte, pertenecía– y denigró y persiguió a los comunistas más honrados, para venderse después con armas y bagajes (y muchos hicieron de “bagaje” por un puesto y un sueldo) a la derecha más caciquil y reaccionaria. Claro que a él le fue bien. Millones bien, digamos.




















